domingo, 16 de mayo de 2010

EL FLACO DE ORO


El famoso Flaco de Oro, el Músico-Poeta, el Genial Compositor, el gran enamorado Agustín Lara nació en el número dieciséis  de la Calle del Puente del Cuervo en el viejo centro de la Ciudad de México el 30 de Octubre de 1897.

Sus padres fueron el Médico Militar Joaquín Lara y su mamá doña María Aguirre del Pino. También contaba con el cariño y protección de su madrina doña Refugio hermana de su mamá. Agustín tuvo dos hermanitos, María Teresa a quien quiso mucho a lo largo de toda su vida y Joaquín que murió muy pequeñito.

Debido a la obsesiva presión de su padre, ingresó a una academia militar en donde estuvo internado levantándose muy temprano y haciendo ejercicios militares que no iban con su forma de ser ni con su frágil fortaleza física. Después de dos ó tres intentos, el joven Lara desertó huyendo también del hogar paterno.

El delgaducho muchacho se refugió en el Mercado de la Merced cargando bultos ayudando a las amas de casa que ahí hacían sus compras.

Un buen día se enteró de que su padre había iniciado un largo viaje al continente europeo aprovechando así la oportunidad de regresar al lado de su madre y de su hermanita quienes ya habían tenido que aceptar rentar tres de las recámaras a huéspedes para completar el gasto familiar.

Así fue que inició una nueva etapa en su joven vida. De inmediato se puso a buscar trabajo y en sus tiempos libres invariablemente tocaba en forma lírica el piano de la casa.

Uno de los huéspedes le dijo casi en secreto que en un Club de Señoras necesitaban un pianista para que las muchachas bailaran con los clientes. El joven Lara se interesó, se dejó llevar, consiguió el trabajo y comenzó a ganar un buen dinerito que tanta falta hacía en su casa.

El hecho de tocar el piano para que la gente bailara, influyó en su formato musical creando así ese ritmo acompasadito con corte de danzón que luego se identificó como el estilo Agustín Lara. 

 Así transcurrió un buen tiempo hasta el día en que regresó el doctor Lara. Al enterarse de que el hijo pródigo apoyaba tan solidamente la economía de la familia, se propuso investigar de donde provenía ese dinero pues la historia que contaba el joven de que trabajaba el turno nocturno en las oficinas del telégrafo gozando de doble paga, no la creyó.

El doctor Lara no tardó en descubrir la verdad y pretendió castigar al muchacho provocando que otra vez se alejara de la casa. Ante esa critica situación, el joven Agustín de apenas catorce años,  toma camino e intenta conseguir trabajo en el medio que ya conoce y en donde puede ganar algún dinerito haciendo lo único que sabía hacer, tocar el piano.

El joven pianista comienza a rodar dentro de ese ambiente de prostitutas, alcohol, vagos y mucho danzón. Así fue que rodando y rodando llega como pianista a una casa de prostitución en el número 61 de la calle de Libertad muy cerca de la calle de Allende, allá por La Lagunilla. En esa casa entre otras muchachas trabajaba una que se llamaba Marucha quien se sentía ser su dueña.

La tal Marucha era una incorregible alcohólica y además estaba medio loca. Como el pianista ya no la soportaba, una nochecita, cuidando que ella lo oyera, simuló estar hablando por teléfono con algún amorcito provocando en ella un descocado arranque de celos y para completar la escena, rompió una botella y sorpresivamente se le fue encima cortándole la mejilla izquierda, dejándole horrible huella para el resto de su vida.

Después de reponerse de sus primeras curaciones, se alejó de la ciudad de México y se ocultó en la ciudad de Puebla donde la pasó muy mal.

Cuando volvió a la ciudad capital en 1927 ya contando con treinta años,  hizo todo lo necesario para regenerarse y cambiar de forma de vida. Así fue que una  tardecita en que caminaba por la calle de Bolivar se encontró con su querido y viejo amigo Luís Fuentes quien trabajaba como capitán de meseros en un cafesito llamado Salambó justo en el número quince de esa misma calle. El joven Lara le confió a su amigo que le urgía conseguir trabajo pero ya no como pianista de prostíbulos.

El amigo Fuentes le preguntó si le interesaría trabajar tocando como piano una pianola en el modesto restaurante donde trabajaba y que quedaba ahí mismo, a media calle. El Café Salambó era un lugar decente, propiedad de una guapa viuda de origen italiano llamada Angelina Bruschetta  y que ayudada por su mamá administraba el negocio. El Café, contaba con una pianola que accionaban los meseros cuando no había mesas que atender y absurdamente cuando estaba lleno no había nadie disponible que pudiera tocarla.

Entonces se presentaba la oportunidad para que Agustín pudiera ser aceptado como el  pianista oficial del Salambó. Quedaba pendiente lo mas importante, presentarlo con las señoras, que lo oyeran, que les interesara y que aceptaran pagarle.

Aprovechando que a media tarde no había comensales, Luisito lo llevó ante ellas, lo presentó, pidió permiso para que tocara el piano, lo concedieron, lo escucharon y Agustín consiguió el trabajo por cuatro pesitos diarios.

Al poco tiempo de estar trabajando para El Salambó, Agustín, el eterno enamorado se prendó de la linda señora y un poco mas adelante en respuesta a lo que el le transmitía a través de sus manos y de sus bellas armonías, logró conquistar su amor, formando una enamorada pareja que duró hasta 1938.

Durante esos diez años se inició y desarrolló como un gran compositor, lo mas bello de su obra lo logró en el transcurso del tiempo que vivió al lado de Angelina y como ejemplo de ello, algunos títulos: Imposible, Rosa, Mujer, Aventurera, Cabellera Negra, Como dos puñales, Señora Tentación, A tus Pies, Santa, Nadie, Concha Nácar, Azul, Arráncame la Vida, Oración Caribe, Janitzio, Amor de mis Amores, Farolito, Piensa en mi, Noche de Ronda, Cisne, Novillero, Granada, Valencia y Veracruz, entre otras.  


Nuestro amigo músico decidió ocultar a Angelina que se había casado el 16 de Febrero de 1917  y aunque el matrimonio no había progresado, no habían gestionado su divorcio. Por esa razón no pudo ofrecer a su nueva novia llevarla al altar.

Así transcurrió el tiempo hasta que en 1939 inició una nueva relación con una bailarina colombiana llamada Carmen “La Chata” Zozaya; después vendría Clarita Martínez, luego la mismísima “Doña” María Félix, mas tarde otra bailarina de nombre Vianey Lárraga, para terminar la lista con una bellísima ojiverde, Yolanda Santacruz Gasca, a quien llamaba simplemente “Yiyi” y como punto final Rocío Durán.

El Flaco de Oro, a través de su fabulosa trayectoria, ya había logrado la grabación de una gran cantidad de discos y a la vez ya había experimentado con el éxito esperado en el radio en donde dicho sea de paso, transmitió su fantástico programa “La Hora Intima de Agustín Lara” a lo largo de doce años.


Posteriormente, el maestro Lara hizo innumerables programas para la televisión en los que se presentó con destacados artistas tanto nacionales como extranjeros como Carmela Rey, Lola Flores “La Faraona” y Carmen Sevilla.

A don Agustín le apasionaba España, le había cantado como nadie e increíblemente sin conocerla. Le gustaban las mujeres españolas, los claveles rojos, la fiesta de toros, le gustaba apasionadamente estar en al Bar de Perico Chicote en La Gran Vía de la bella Madrid, le encantaba la onda Gitana, Sevilla, la comida, los paisajes, en fin, toda España.

En el último viaje que hizo a la península Ibérica, por cierto acompañado de Rocío Durán, estuvo muy chiqueado por el propio generalísimo Francisco Franco motivándolo a alargar y alargar su estancia en esas bellas tierras hispanas.

No obstante que todavía vivía la primera esposa del compositor doña Esther Rivas Elorriaga, Agustín y Rocío, tal vez ignorándolo, decidieron casarse el 24 de Junio de 1964 en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en la bella ciudad madrileña.

Su matrimonio en España y tanto apapacho de gobernantes y amigos, alargaron exageradamente su estancia en Europa. Cuando decidieron volver a México, el maestro se encontró que se había metido muy fuertemente Dámaso Pérez Prado con el escándalo del momento: “El Mambo”.

Por las intensas emociones, preocupaciones, mal pasadas, excesos y el natural estrés propios de tanto desorden, el maestro, a sus 71 años seguramente sufrió una descompensación en su débil constitución física y en su sistema nervioso cayendo en una delicada situación de depresión profunda.

Su amigo, el “Chacho” Ibañez le ofreció su casita de campo bautizada como “La Malcontenta” situada en una zona arbolada cerca de un pueblito que se encuentra en el inicio del camino al Desierto de los Leones. El maestro Lara aceptó y ahí se fue a refugiar. Únicamente hablaba con su secretario David Rodríguez a quien llamaba “Verduguillo” y  excepcionalmente recibió un par de veces la visita de doña Amalita Gómez Zepeda, secretaria del gran viejo don Emilio Azcárraga Vidaurreta.

Ahí, en “La Malcontenta” Agustín se pasó un largo tiempo auto abandonado. Poco a poco se fue sobreponiendo y después de poco mas de dos meses volvió a su casa de Edgar Alan Poe 308 esquina con Homero en Polanco.

Cuando su estado de ánimo ya era otro, un buen día, el 15 de Octubre de 1970 decidió recibir a su amigo Rodolfo “El Chamaco” Sandoval  que junto con Carlitos Águila, hermano de Paz y Esperancita integrantes del famoso dueto, se presentaron a visitarlo.

Los hizo pasar y les ofreció el trago de medio día. Acto seguido, el Flaquito de Oro copa coñaquera en mano intentó encaramarse en el banquillo de su doméstico bar, provocando que se le volteara y al perder el equilibrio el maestro se fue hasta el suelo fracturándose la cabeza del fémur lesión a la que han llamado: “Fractura de Cadera”.

Al día siguiente, fue internado por el médico ortopedista  Marco Antonio Lazcano en el Hospital Inglés para ponerlo en buenas condiciones para poderlo operar a la usanza  de aquellos tiempos a base de placas y clavos.   

Desgraciadamente, el estado físico del señor Lara en lugar de irse fortaleciendo se fue desmejorando al grado de que a los dos días sufrió un síncope cardiaco y cayó en un estado de coma del cual ya no volvió.

Así, dentro de en un coma profundo e insuperables complicaciones, no obstante los esfuerzos del grupo de médicos que lo atendían, el maestro Agustín Lara falleció el Viernes 6 de Noviembre de ese 1970 a las cinco de la tarde con cincuenta minutos.

Esa misma noche se dio a conocer la superior disposición: Por decreto del Señor Presidente de la República Lic.Gustavo Díaz Ordaz, los restos humanos del Compositor Agustín Lara, fallecido a las 17.50 horas del día de hoy, podrán ser sepultados el día de mañana Sábado 7 de Noviembre de 1970 en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón Civil de Dolores.   


GUSTAVO DÍAZ ORDAZ
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.


Viernes 6 de Noviembre de 1970

                              

3 comentarios:

  1. OMITIERON MENCIONAR A POR LO MENOS RAQUEL DIAZ DE LEON COMO UNA DE LAS MUSAS DE AGUSTIN LARA

    ResponderEliminar
  2. No puede haber recibido al chamaco sandoval en 1970 ya que este murio en 1965

    ResponderEliminar
  3. Una semblanza muy interesante del Maestro Agustin Lara, de quien perdurarán sus letras por muchos años mas. Me considero un gran adminrador de su obra.

    ResponderEliminar